Querían ahorrarse cinco euros en gasoil y se han dejado varios miles en el taller. Más de un centenar de conductores han sufrido costosas averías en sus vehículos tras repostar gasóleo A en la gasolin...
Querían ahorrarse cinco euros en gasoil y se han dejado varios miles en el taller. Más de un centenar de conductores han sufrido costosas averías en sus vehículos tras repostar gasóleo A en la gasolinera del centro comercial Carrefour Los Patios, en Málaga ciudad, el pasado 5 de diciembre.
Los Peugeot y Citröen, de los nuevos, cogían la autovía y al poco rato se paraban"Los Peugeot y Citröen, de los nuevos, cogían la autovía y al poco rato se paraban. Mi coche, como es un Renault Megane de 10 años, fue bien hasta casa, pero luego ya no arrancaba", asegura a 20minutos.es José Antonio Robles.
Llenó el depósito el fatídico día atraído por un descuento en combustible del 8% si se usaba la tarjeta del centro comercial. "El litro estaba a 1,326 euros y cargué en el tanque 52,10 litros. Me habría costado 69,08 euros, pero con la oferta me ahorré 5,53" explica, con el recibo en la mano. Ahora tiene el coche en el taller y un presupuesto de arreglo de casi 2.000 euros.
La primera señal de que algo iba mal surgió de inmediato. "Se encendieron los pilotos de los calentadores del diésel, pero no lo achaqué al combustible. Como era puente, tardé en coger el coche, pero cuando lo hice, el miércoles 7, ya no arrancaba bien", recuerda. Aprovechando la revisión anual, le cambiaron los calentadores, pero seguía fallando. Hasta que una compañera le comentó que también tenía el coche estropeado y había repostado en Carrefour. "Cuando llamé al taller, extrajeron gasoil, lo agitaron y salía espuma. Eso significa que no lleva un aditivo protector necesario", cuenta Robles.
Extrajeron gasoil, lo agitaron y salía espumaDesde Carrefour aseguran que no pueden asumir ninguna responsabilidad sobre el combustible vendido hasta que actúen los peritos. "Ese gasóleo se sirvió solo el 5 de diciembre y solo en esa gasolinera, cuando tenemos 96. Nos constan 137 reclamaciones y no hemos sufrido ningún caso parecido con anterioridad", han explicado fuentes de la empresa. Sin embargo, su aseguradora, Zurich, ya se ha puesto en contacto con varios de los afectados que han reclamado daños para evaluar sus vehículos.
Otro de ellos es José Luis F. B., un conductor de autobús que tiene su Toyota en el taller y un presupuesto de arreglo de 5.100 euros. "Me han llamado de Zurich y me han dicho que el perito me llamaría esta semana para ir a ver el coche, pero aún no lo ha hecho", afirma. Lo peor de su caso es que entre su lugar de residencia, La Cala del Moral, y su trabajo, Estepona, hay más de un centenar de kilómetros y necesita el vehículo. "La primera semana t 008000 uve que recurrir a un coche de alquiler, pero me cuesta 75 euros a la semana y me ha dicho mi aseguradora que puede que Zurich no me los paque luego", protesta.
Tiene su Toyota en el taller y un presupuesto de arreglo de 5.100 eurosEstos días ha cogido prestados los coches de su mujer y su hermano, pero puede que la próxima semana tenga que alquilar, de nuevo, otro vehículo porque a la hora a la que empieza a trabajar, las 05.00 horas, no hay transporte público. "Les he pedido un coche de sustitución, pero no me han contestado", denuncia.
José Luis también está enfadado con la gasolinera porque no han colgado ningún cartel informativo para que los afectados se dirijan a la empresa. "Se lo dije, pero me contestaron que no están obligados a poner el cartel. Además, cada vez que me acerco hay tres o cuatro personas reclamando por este tema. Ha sido gorda", remata.
Un simple beso entre dos actores no tenía cabida en las películas que se proyectaban durante el franquismo, que la censura se encargaba de cortar con máquinas como la que, tras más de 30 años de democ...
EFE. 18.12.2011
Un simple beso entre dos actores no tenía cabida en las películas que se proyectaban durante el franquismo, que la censura se encargaba de cortar con máquinas como la que, tras más de 30 años de democracia, aún se conserva en el sótano del Palacio de Congresos de la Costa del Sol.
Las imágenes prohibidas llegaban, por lo general, cortadas desde Madrid, pero era trabajo de los inspectores del Ministerio de Información comprobar que se habían eliminado todas las escenas requeridas, que seguían las directrices y que el metraje de la película era el autorizado por los censores de la dictadura.
De sus más de veinte años como inspector en Málaga, Francisco Mena recuerda que las trabas que imponía la censura se suplían con mucho ingenio y mediante el uso del doble sentido, tanto en el cine como en la música y en el teatro, lo que ayudaba a los autores a "transmitir, con límites, lo que querían", ha explicado esta semana.
Allí, desde 1969
Como las películas se visionaban antes de su proyección al público para intervenir en caso necesario, la celebración, a partir de 1969, del Festival de Cine de Autor de Benalmádena propició que se enviara un equipo técnico a Málaga por si había que cortar fotogramas.
Voluminoso y pesado, hoy este olvidado equipo permanece en un pasillo del sótano del Palacio de Congresos y Exposiciones de la Costa del Sol, en Torremolinos, el mismo lugar en el que, a medida que se suavizó el control de la censura, quedó en desuso.
Censura: no solo en el cine
Pero el filtro censor no abarcaba solo el contenido cinematográfico, sino que los inspectores también vigilaban la picaresca de los cines, que se saltaban el nodo y acortaban las películas para así poder ofrecer más sesiones.
Y para evitar que se colaran menores en las salas, una vez comenzada la película los inspectores entraban a oscuras y se colocaban de espaldas a la pantalla, que iluminaba las caras, lo que permitía expulsar a los espectadores infractores, ha rememorado Mena.
Más sobresaltos daban los espectáculos de revista que en aquella época prodigaban en las salas de fiesta y hoteles de la Costa del Sol, tanto por el atuendo de las bailarinas como por sus sensuales movimientos. Uno de estos gestos, en los que una artista hizo vibrar sus pechos en la pasarela de un hotel de Torremolinos a principios de los años 60, supuso una sanción de 25.000 pesetas para el espectáculo.
El delegado en Málaga del Ministerio de Información, que se encontraba en la sala, hizo que se levantara el acta que derivó en la multa, elevada si se tiene en cuenta que el sueldo de éste rondaba las 3.500 pesetas al mes.
Mena, quien posteriormente fue gerente de la patronal hotelera de la Costa del Sol (AEHCOS), también cuenta que, aunque las compañías de revista no podían actuar en poblaciones de menos de 50.000 habitantes, una de ellas lo hizo en Estepona, donde se montó tal "circo" que la Guardia Civil tuvo que subir al escenario.
Con el paso de los años y el auge turístico de esta zona, el control aminoró, pero aún sorprende que las tijeras censoras permitieran proyectar en su totalidad la película japonesa El imperio de los sentidos (1976), de Nagisa Oshima, con escenas de contenido sexual explícito.
Todavía se recuerdan las largas colas para ver este filme, que se proyectó simultáneamente en tres salas del Palacio de Congresos de Torremolinos.